Blancanieves

Blancanieves

Bella. Yo siempre fui bella. Cuando era chica, lo único que deseaba, era encontrar el amor verdadero, pero nunca lo logré. Cuando llegué al palacio, de lo único que me pude enamorar fue de un grande espejo. Lo único que hacía en mis días en el palacio era preguntarle a mi hermoso espejo, si era bella, y me respondía que sí. Escuchar eso me hacía sentir especial, fuerte, tranquila, segura.

 

Un día,como todos, le pregunté a mi espejo quién era la mas linda del reino, y él me respondió Blancanieves. Eso, me hizo sentir muy furiosa, y me hizo odiar a esa chica como nunca. Nunca antes me había sentido de esa manera. Jamás había querido a Blancanieves, pero nunca había tenido la necesidad de matarla. Pero en ese momento mi espejo, me había defraudado. Tenía que matarla. Corrí por el palacio encontrando a un hombre capaz de matarla, y encontré a un desagradable cazador. Gritándole, muy enojada, le ordené que la matara. Pero.. ¿cómo podía confiar en él? Necesitaba pruebas de que la había matado, y le dije que me trajera su corazón en un cofre. Él muy nervioso, por ese repentino pedido, salió corriendo en busca de la chica. Mientras tanto yo le preguntaba una y otra vez a mi espejo, quién era la mas linda del reino y me seguía respondiendo Blancanieves. Después de unas horas llegó el cazador con un corazón dentro del cofre. Me sentí muy ilusionada por un momento, hasta que le volví a preguntar a mi espejo quién era la más bella de todo el reino y me volvió a responder, Blancanieves. Sentí un cosquilleo de rabia por todo el cuerpo. Me dirigí hacia el cazador gritando y le pregunté dónde estaba Blancanieves.Ese inútil cazador no me quiso responder. Agarré lo primero que vi a mi alcance, un tenedor. Lo sujeté con todas mis fuerzas y se lo clavé en el brazo derecho. Él gritó, y unas cuantas gotas de sangre empezaron a fluir de su cuerpo.  El asqueroso solo me respondió con tres palabras ‘Ella….. solo….corrió….’decía las palabras entrecortadas, con un profundo dolor al saber que la chica iba a morir. Le ordené al cazador que se marchara, que se valla lejos o si no él también iba a morir. Cumplió, se fue y no lo volví a ver.

Tenía que pensar.Tenía que idear un plan para poder aniquilarla. Ella era muy ingenua se iba a creer cualquier cosa. Fue en ese momento que me vino a la  mente, que me tendría que disfrazar como alguien inocente. ¿Quién más inocente que una anciana?  Tenía todo resuelto, me disfrazaría como una indefensa ancianita y la mataría. No tenía que dejar rastros así que con mucho cuidado, envenené una manzana y me convertí en una pobre y vieja abuela. Caminé un buen rato hasta que vi una pequeña cabaña a lo lejos. Caminé y caminé hasta llegar. Ni bien me asomé en la casa, la niña se asomó en la ventana y me invitó a pasar a la casa. Blancanieves era muy tonta. Tenía un feo pelo negro, nunca entendí ni voy a entender porque todos dicen que es linda. En el momento que me invitó a pasar le ofrecí una manzana.La manzana se veía deliciosa pero, estaba envenenada.  Ella me miró muy sorprendida por mi gesto y de un mordisco se comió la manzana. De un momento a otro vi llegar a los horrorosos enanos.Corrí para que no me lograran ver, y no me vieron. Estaba muy alegre, muy satisfecha por lo que acababa de hacer. Junté unas coloridas flores y las llevé al palacio. Toda la rabia que había sentido el último tiempo se había ido. Decoré mi espejo mágico con flores de colores, y en ese momento me pregunté si debía preguntarle a mi espejo si yo era la mas linda. Llegué a la conclusión que debía esperar un día para que se muera bien, bien muerta.

No me hacía muy feliz pensar que había muerto, lo que me hacía feliz era saber que yo volvía a ser la mas linda del reino. Después de unos días le pregunté a mi espejo: ‘Espejito, espejito ¿Quién es la más bella del reino?’ Antes  que mi espejo pudiera contestar, entró alguien muy violentamente y me sujetó las manos muy fuerte. Sin poder hacer nada me sacaron como a rastras de mi palacio. La asquerosa de esa Blancanieves, me echo de mi  casa, de mi palacio, de mi vida. Y ahora desde este sucio y asqueroso calabozo escribo, de las cosas que jamás me arrepentiré de haber hecho.

Sofi Villella 

Esta entrada fue publicada en Cuentos tradicionales, Lengua 2014, Séptimo 2014, Sofi Villella. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *