Caperucita Roja por Manu Socas

Sí, soy yo, el magnífico lobo hablando desde el inframundo ya saben, abajo suyo, bueno les contaré todo… pasó muy rápido, yo estaba sentado en mi casa cuando vi por la ventana pasar una niña, poco después me agarró hambre y bueno… sí la fui a buscar, la vi por el camino, yendo hacia la casa de una vieja enemiga mía.

Pensé que me iba a sacar dos problemas en un instante pero no fue así, cuando llegué maté a la abuela pero la niña venía preparada y muy bien preparada. Apenas llegó me vio con cara impresionada y me dijo:

“Hola Abuela, ¿por qué tienes la nariz tan grande?

Yo le contesté, “para olerte mejor.”

“Y, abuela, ¿por qué tienes los ojos tan grandes?”

“Para verte mejor”

“Dime abuelita, ¿por qué tienes la boca tan grande?”

“Para comerte mejor!!!!!!”   Le lancé un mordisco, pero ella fue muy rápida y salió corriendo a una casa de paja que me parecía conocida, y le advertí  “sal de esa casa o veraz” y entonces soplé, soplé y la casa derrumbé, pero ella muy rápidamente corrió hasta una casa de palitos de madera y le advertí: “sal de esa casa o veraz”, y entonces soplé y soplé y su casa derrumbé.  De vuelta salió corriendo hasta una casa de ladrillos y le advertí de nuevo: “sal de esa casa o veraz”, entonces soplé y soplé pero nada pasó, intenté de nuevo, soplé y soplé, pero la casa era muy resistente.

Y ahí fue cuando me di cuenta que tenía una chimenea. Empecé a trepar como Papá Noel pero cuando entré a la casa, me sentí muy caliente, nunca supe bien lo que pasó pero caperucita allí me dejó, y entonces me di cuenta que habían sido esos malditos cerditos constructores.   Piensan que por quemarme la cola lo pueden todo, pero ellos no saben que volveré, y sépanlo: en mi entrada habrá un muy grande asado de cochinillo.

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