Sil, Lola y Mary

Todos nosotros empezamos a clavarle arpones, espadas y hachas al calamar muy ferozmente. Por un momento pensé que íbamos a salvar a aquel marinero, pero esa ilusión duró pocos segundos. A una velocidad increíble, el calamar se sumergió en el agua y se fue, llevándose al marinero. Jamás volvimos a ver a nuestro amigo.

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